Lo que el ladrón se llevó…

Estimados asaltantes:

Una vez más he sido víctima de su “lucha por la supervivencia” en esta bella capital.

No puede uno salir a caminar por ahí, ya que -para mi mala suerte- en una esquina de Barranco se me acercan dos tipos que me despojan de mi billetera de una manera olímpica. Ese acto, digno de ser cronometrado, no me permitió reaccionar o al menos decir un demonios u otra expresión.

No me quedó de otra… Lima es Lima y aquí se aplica la ley de la selección natural: El más fuerte sobrevive.

Al menos me di el gusto de saber que no llevaba dinero en mi querida y lejana billetera… Ser estudiante y trabajador a medio tiempo no tendrá sus recompensas económicas; pero al menos no me pueden robar mucho. Así que me regocijo, aunque sea, de haberles sacado una expresión de cólera o una lisura de sus inmundos labios

Ya más tranquilo, al día siguiente me dirigí a la oficina RENIEC de San Borja para llevar acabo el ritual del duplicado de mi documento de identidad.

Lo primero que diviso bajo el detestable sol veraniego es una gran fila de chicos -la mayoría acompañados de sus padres- que al unísono compartían sus experiencias y emociones por haber cumplido 18 años. Todos motivados por las futuras libertades que esa tarjetita color celeste les puede brindar: Fiestas, tragos, discotecas, el añorado respeto de los padres y demás cosas que uno desea.

En mi mente repetí la misma pregunta ¿Tan viejo estoy? Sé que tenía más de dos stickers plateados en la parte trasera de mi DNI; pero ¿En qué momento ha transcurrido tanto tiempo?

El único consuelo en ese momento de quiebre existencial fue el diálogo que tuve con una linda joven que, para mi suerte, detestaba el calor. (Al menos un tema en comun para buscar conversación; pese a que sea el inicio más absurdo que he hecho). Ella puso en tela de juicio la verdad de mi respuesta cuando me preguntó por mi edad.

- ¿25 años? no pareces… Estas bromeando ¿no?

Luego de contestarle con una sonrisa y de un mutuo intercambio de números (gracias a Dios que no me robaron el celular) comenzó a moverse la fila.

Después de eso, todo fue un ir y venir. Pago en la ventanilla del Banco de la Nación -con los modales más arcáicos de la señora que atendía-, esperar en el módulo y finalmente firmar y poner una huella dactilar en una hoja para que te entreguen otra que tienen escrito unos números.

Pese a que todo el trámite me demoró más de una hora (claro está, descontada de la paga del trabajo) recién me lo iban a entregar después de una semana. “Previa llamada al número adjunto al recibo que te demos” me lo dijo una señorita en informes.

Hoy escribo después de una semana y hasta ahora no me han entregado el maldito DNI.

Desesperante ¿no?

Y eso que falta el duplicado de carné de biblioteca y universitario. Ahora a pagar más en el transporte público.

Espero que en estos momentos, en una de sus correrías, hayan sido atrapados por las llantas de alguna camioneta u otro vehículo de gran envergadura. En verdad les deseo eso y mucho más.

Mis más sinceros deseos y espero no volverlos a ver.

Vagrant

~ por Vagrant en 13/03/2009.

Una respuesta to “Lo que el ladrón se llevó…”

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